Todos sabéis que la Guerra de la Independencia es un momento clave de la Historia de España.

D. Sebastián Barahona Vallecillo nos aporta varios datos interesantes que nos acercan a como lo han vivido en su pueblo, y en particular, nos cuenta lo que ha pasado con un mengíbareño afrancesado…

1.    FINAL DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

El año pasado, en esta misma Revista, hacíamos un estudio, amplio y detallado, de la importante y decisiva Batalla de Mengíbar, en la que el ejército napoleónico fue derrotado por primera vez e hizo posible el posterior éxito del General Castaños en los campos de Bailén.
Tras unos años de grandes vicisitudes por ambas partes, la victoria del ejército español de Arapiles (Salamanca), en julio de 1812, decidió la guerra entre los ejércitos españoles y franceses, pues éstos abandonaron definitivamente Andalucía, replegándose tras la línea del Ebro. Serán las batallas decisivas de Vitoria (junio de 1813) y San Marcial (31 de agosto de1813, ya en territorio francés), con el triunfo español, las que consiguieron que Napoleón, en el Tratado de Valençai, firmado el 11 de diciembre de 1813, “reconociera a Fernando VII como Rey de España y de las Indias (Art. 3)”, así como “la integridad del territorio de España tal cual existía antes de la Guerra actual (Art. 4)”. La Guerra de la Independencia, que había comenzado en 1808 y que había ocasionado enormes pérdidas, tanto de vidas humanas como materiales a España, había terminado y el ejército francés abandonaba España en los primeros días de 1814.

2.    LOS AFRANCESADOS

Se denominaron afrancesados aquellos españoles que aceptaron la sucesión del rey francés José I tras las abdicaciones de Bayona por parte de los reyes españoles. Formaron parte de sus equipos de gobierno en los distintos niveles de la administración e intentaron poner en práctica las reformas soñadas por la Ilustración, pero a medida que los franceses fueron abandonando zonas de la península ibérica, los que fueron tenidos como afrancesados se granjearon la animadversión de los auténticos patriotas, esto es, los fieles a Fernando VII 1).
En la vida de los municipios no muy grandes, los afrancesados, al ser muy conocidos, sufrieron mucho más el odio de sus vecinos. Cualquiera que hubiese mostrado la más mínima señal de haber dado el visto bueno a las ideas representadas por José I, o hubiese demostrado frialdad ante los progresos bélicos de las tropas españolas, fue considerado como afrancesado y tildado de traidor a la patria, al Rey Fernando y a la religión Por ello, la solución para la mayoría de ellos fue el exilio a Francia, aprovechando la retirada del ejército francés.
Las Cortes de Cádiz pusieron en marcha el aparato jurídico represivo para los afrancesados, en virtud de los Decretos de 11 de agosto y 21 de septiembre de 1812. De esta forma, las disposiciones legales afectaban a la totalidad de los funcionarios y empleados al servicio de la administración, que se mantuvieron en sus puestos de trabajo durante el tiempo de la dominación francesa. Dichos Decretos ordenaban el cese inmediato de los empleados, que, o bien fueron nombrados por José Bonaparte o bien siguieron trabajando en sus respectivas ocupaciones de la administración. Además de la suspensión de empleo y sueldo, se añadía la imposibilidad de que esas personas pudieran desempeñar cualquier trabajo en la administración hasta que se hubiera resuelto su expediente purificador, no teniendo derecho, mientras tanto, a tener voto en las elecciones a Cortes. La medida llegaba también a los sacerdotes, pues el Decreto de 11 de agosto de 1812 ordenaba que si algún párroco hubiera cooperado, favorecido o auxiliado al partido afrancesado, se pediría al obispo de la diócesis que lo suspendiera en sus funciones.
Además, el afrancesado se había granjeado el rencor y el odio de sus conciudadanos, por lo que el sistema represor-purificador se prestaba a la venganza, a la calumnia e insidia, pues la ocasión propiciaba saldar viejas cuentas de índole personal, siendo necesario el informe del Pleno del Ayuntamiento, donde actuaba el funcionario, para demostrar su culpabilidad o inocencia.

3.    DON MIGUEL DE SAN MARTÍN, UN MENGIBAREÑO AFRANCESADO

Una vez que los franceses abandonaron la ciudad de Jaén, donde habían permanecido desde el 23 de enero de 1810 hasta el 17 de septiembre de 1812, se inicia la represión de todos los funcionarios acusados de afrancesamiento, iniciándose la misma el 23 de septiembre de 1812, con motivo de la entrada de las tropas españolas en Jaén, mandadas por el Teniente Coronel Antonio María Porta. Ese mismo día fueron encarcelados un grupo reducido de militares españoles al servicio de José I, siendo conducidos al castillo de Santa Catalina de la ciudad jiennense, que los franceses habían utilizado como cuartel, hospital militar y presidio.
Un caso concreto fue el de don Miguel de San Martín, un militar, que había nacido en Mengíbar y que es acusado de afrancesado, por lo que inmediatamente fue apresado y conducido al citado castillo de Jaén.
D. Miguel de San Martín, por haber sido Comandante de la Compañía de Cazadores a Caballo de Jaén, fue sometido a Consejo de Guerra, actuando como fiscal militar don Jerónimo Adán, que se hizo célebre por sus implacables alegatos acusatorios en cada uno de sus casos. El fiscal, como estaba ordenado, pidió informes del acusado al Ayuntamiento de Jaén, el cual a su vez lo hizo al de Mengíbar, de donde era natural. El informe recibido del Ayuntamiento de Mengíbar fue bastante duro, como se puede apreciar en la transcripción del Libro de Actas Capitulares del Ayuntamiento de Jaén, correspondiente a la sesión de 12 de febrero de 1813:

“… D. Miguel de San Martín ha sido en este Pueblo desde su juventud escandaloso, inmoral y muy pernicioso a todos sus habitantes; que no hay uno a quien no haya perjudicado siempre que la ocasión o necesidad le obligare a trato o contrato con él (…) en fin que, que ha sido constantemente un mal ciudadano y por muchos años el azote y terror de estos vecinos”

Vemos como el consistorio de Mengíbar, ante todo, emborronó bastante el pasado del oficial mengibareño, incrementando su culpa, sacando a relucir su carencia de moral, hecho que añadía demasiado peso a la acusación, ya que, como sigue diciendo el informe:

“además fue acusado en el dicho informe de colaborar activamente con el Comandante francés de Mengíbar tras la ocupación, denunciando constantemente con falsos testimonios a muchos vecinos, llegando para colmo a prohibir decir misa dominical en la parroquia de la localidad.»

Graves acusaciones son las que sigue haciendo el Ayuntamiento de Mengíbar sobre nuestro singular personaje, que en aquellos momentos, en los que tanto se valoraban los valores religiosos, la acusación de prohibir la misa del domingo en una localidad, en la que tanto se valoraba las costumbres cristianas y que era tenida por muy religiosa, supondría agravar la sentencia.

Por ello, seguimos teniendo noticias de don Miguel de San Martín en aquellos primeros momentos de la conquista de Mengíbar por el ejército francés. Aparecen en el Archivo Municipal de Jaén, en el Libro de Actas Capitulares, correspondiente a la sesión de 12 de febrero de 1813:

“… una vez que los franceses conquistan Mengíbar se traslada a Jaén (se refiere a don Miguel de San Martín) y es ascendido por los franceses por haber comprado las charreteras de Capitán que debían de infamarle a los ojos de todo buen español”, encomendándosele la Compañía de Cazadores a Caballo, interviniendo contra tropas regulares españolas y en la persecución de guerrilleros, prestándose a oficiar como juez en un Consejo de Guerra francés que decretó la ejecución de los Subtenientes del Ejército español Lanza y Texero y del granadero Medina, siendo los tres puestos delante del pelotón de fusilamiento, destino que esperaría al afrancesado San Martín, puesto que fue condenado a la pena capital” 2).

Vemos como siguen vertiéndose muy graves acusaciones contra este mengibareño, como su ascenso a capitán del ejército francés, tan odiado por los españoles, el combatir contra las tropas españolas, la persecución de los guerrilleros españoles y haber actuado como juez en un Consejo de Guerra contra militares españoles. Creo que estas acusaciones fueron más que suficientes para ser condenado a muerte.

Hemos encontrado noticias de la vida de don Miguel de San Martín en Mengíbar, antes de los sucesos anteriores. Así, el 19 de marzo de 1808, varios ganaderos de Mengíbar le dan poderes para ajustar los pastos de la dehesa de ganado yeguar, propiedad de don José Muñoz de Velasco 3).
Además de ser ganadero, en 1811, era militar, como lo demuestra la noticia de 28 de agosto de 1811, en la que don Miguel de San Martín y su esposa, doña María Concepción Obregón, se separan libre y voluntariamente. Él, al estar al servicio de Su Majestad y tener que desplazarse. Ella se va a Granada, donde reside su madre 4) . Ignoramos las razones de la separación del matrimonio, aunque nos inclinamos a pensar que las desavenencias pudieron deberse a pertenecer el marido al bando afrancesado.

Como consecuencia de las citadas y graves acusaciones, el 15 de mayo de 1813, don Miguel de San Martín está preso en el castillo de Santa Catalina de Jaén, sufriendo arresto durante su purificación de conducta política, debido a su probado afrancesamiento. Por tal motivo, parte de sus bienes están confiscados. Al necesitar dinero, no tiene más remedio que vender parte de su patrimonio. Al no poder hacerlo él, personalmente, autoriza por escritura, ante notario, a su mujer. El documento dice textualmente:

“… Doi permiso a mi mujer, doña María Concepción Obregón, para que otorgue escritura de benta a favor de Justo Lobón, vecino de Mengíbar, del aza que en dicho término poseo llamada “el Cuarterón de Angulo”. Y para que siempre conste doi este en el castiyo de Jaén a 15 de mayo de 1813. Firmado, Miguel de San Martín” 5) .

No sería la única venta de tierras que don Miguel de San Martín hace para que su mujer pudiese mantenerse. Así, el 30 de julio de 1813, manifiesta en escritura pública que sigue preso en el castillo de Jaén y en la misma da poderes a su cuñado, don Manuel Obregón, vecino de Cabra, para que en su nombre pueda vender a Juan de Moya Aguilera las siguientes hazas:

–    3 fanegas de tierra en el picón de “El Pozo de Don Gil”, entre los caminos de Fuerte del Rey y Torredelcampo, en 3.000 reales
–    Un olivar en “Los Banquillos”, con 14 olivas, a 90 reales, que importan 1.260 reales.
–    También hipoteca 4 fanegas de tierra, debajo de “La Arroyada” 6)

Van pasando los meses y sigue nuestro personaje preso en el castillo de Jaén. El 2 de julio de 1814, manifiesta en otra escritura pública que “lleva preso 19 meses, habiéndosele secuestrado parte de sus bienes, y solicita al Comandante General de la Plaza vender algunos de los bienes que no lo están, situados en los términos de Jaén, Jódar, Mengíbar, Bailén y Villanueva de la Reina, para poder hacer frente a sus muchos gastos» 7).

La autorización del Comandante General de la Plaza, señor Carabantes, le es concedida, y dos meses después, concretamente, el 13 de septiembre de 1814, don Miguel de San Martín vuelve a dar poderes a su cuñado, don Manuel de Obregón, para que en su nombre vendiera a Juan Fernando Camacho, vecino de Mengíbar, las siguientes hazas de tierra, en el término de Mengíbar 8) :

–    Un haza de tierra en el sitio de “Los Hoyos”, de 8 cuerdas, por 5.200 reales
–    Un haza de tierra en el sitio de “La Graja”, de 2 cuerdas, por 1.500 reales
–    Un haza de tierra en el sitio de “La Esperilla”, de 4 cuerdas, por 2.000 reales
–    Un haza de tierra en el sitio de “Los Buedos”, de 4 cuerdas, por 2.000 reales
–    Un haza de tierra en el sitio de “El Cortijo”, de 8 cuerdas, por 6.000 reales
–    Un haza de tierra en el sitio de “El Picón”, de 6 cuerdas, por 3.600 reales

Y unos días después, concretamente, el 24 de septiembre de 1814, don Miguel de San Martín vuelve a dar poderes a su cuñado, don Manuel de Obregón, para que en su nombre venda en el término de Mengíbar las siguientes tierras 9):

–    Un haza de tierra en el sitio de “La Vega”, de 4 cuerdas, por 2.200 reales
–    Un haza de tierra en el sitio del “Hontanar”, de 4 cuerdas, por 1.400 reales
–    También, ese mismo día, hipoteca un haza de tierra en el sitio de “los Montecillos” y una era de emparvas en el sitio de “Las Altas”.

Hemos visto como don Miguel de San Martín, estando preso en el castillo de Santa Catalina de Jaén, tuvo que vender casi 50 cuerdas de tierra, además de varios olivares e hipotecar otras tantas, para que su familia pudiese subsistir. Por lo dicho anteriormente, debió de vender otras tierras, de las que era propietario en otros lugares de la provincia.

FINAL

Ignoramos, por el momento, más datos sobre este singular personaje mengibareño, una de las víctimas de las nuevas ideas liberales, que llegan a Europa con las tropas francesas. Quizá su gran error fue no haberse exiliado a Francia, acompañando a las tropas francesas, aunque no sabemos las causas de que no lo hubiese hecho, pues sería conveniente saber las razones que le hicieron no abandonar España así como su defensa. Aunque en el Consejo de Guerra fue condenado a la pena capital, creemos que se acogería a una de las muchas amnistías, que se fueron sucediendo, sobre todo en los períodos de gobiernos liberales, que fueron sucediendo a los absolutistas. No obstante, hemos visto como arruinó su vida y su economía, sufriendo las consecuencias su esposa e hijos, los que no habían tenido la culpa.

1) LARA LÓPEZ, E. L. “La represión de los afrancesados: condenas sociales, jurídicas y políticas. El caso de Jaén (1812-1820)” Revista HISPANIA NOVA, Nº 3 (2003), pp. 1 a 9.
2) Ibídem.
3) Archivo Histórico Provincial de Jaén, Legajo nº 4.163, Escribanos: José María de la Vega, Juan José Cabello y otros. 19 de marzo de 1808.
4) Archivo Histórico Provincial de Jaén, Legajo nº 4.163. Escribanos: José María de la Vega y otros. 28 de agosto de 1811.
5) Archivo Histórico Provincial de Jaén. Legajo nº 4.163, folio 1.113. Escribanos: José María de la Vega y otros. 15 de mayo de 1813.
6) Archivo Histórico Provincial de Jaén. Legajo nº 4.163. Escribanos: José María de la Vega y otros. 30 de julio de 1813.
7) Archivo Histórico Provincial de Jaén. Legajo nº 4.163, folio 1.113. Escribanos: José María de la Vega y otros. 2 de julio de 1814.
8) Archivo Histórico Provincial de Jaén. Legajo nº 4.163. Escribanos: José María de la Vega y otros. 13 de septiembre de 1814.
9) Archivo Histórico Provincial de Jaén. Legajo nº 4.163. Escribanos: José María de la Vega y otros. 24 de septiembre de 1814.

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