La llegada de la  LUZ hizo que la vida en los pueblos tuviera un antes y un después muy distintos.

Ahora podemos saber gracias D. Sebastián Barahora Vallecillo, muchos de los detalles que hicierón posible que el alumbrado de las calles de Mengíbar fuera una realidad:

Ha sido bastante tradicional, a lo largo de muchos siglos, el que muchos mengibareños, especialmente los labradores y ganaderos, asistieran a las distintas Ferias que se celebraban en la ciudad de Jaén, especialmente a la sección de ganado. La más antigua de las Ferias jiennenses era la de la Virgen de Agosto, que después, poco a poco, fue siendo sustituida por la de San Lucas, en octubre. Era el momento más propicio de cambiar, comprar o vender los animales, tanto de labor como el lanar, cabrío o vacuno, y adquirir los distintos útiles  de labranza, como palas, bielgos, harneros, etc., sin olvidar el famoso almanaque zaragozano y la cesta de mimbre con asas, que se llenaba de castañas. A partir del último tercio del siglo XIX, se utilizaba como mejor medio de transporte el tren, por lo que el viaje a Jaén se hacía por la mañana y se regresaba por la noche, en aquel clásico y lento “tren correo”, que empleaba más de una hora en el corto trayecto que separa Mengíbar de la capital, aunque el viaje se completaba con la subida desde la Estación de Jaén al centro de la ciudad en aquellos célebres autobuses, como el del Hotel Comercio.

En aquellos últimos años del siglo XIX, uno de los espectáculos que más llamaba la atención, en las citadas Ferias, tenía lugar en unas barracas de lonas, tras abonar una cantidad para entrar, que presentaban la novedad de ver iluminarse unas bombillas, sin emplear aceite ni otro tradicional combustible. Un nuevo invento, que merecía la pena contemplar, para luego contar a los familiares y amigos, al regreso a Mengíbar. Así, gran sensación y asombro debió de causar a los mengibareños que asistieron, en 1878, a la feria de la Virgen de Agosto, cuando tuvieron la oportunidad de presenciar por primera vez el espectáculo inusual del alumbrado eléctrico. Aún no había llegado a Jaén la electricidad, aunque ese año, para solemnizar más la Feria, el Comercio de la ciudad decidió costear durante unos días la iluminación de la plaza de Santa María, además de  unos focos móviles que lo hacían a la fachada de la Catedral, a cuyo fin se trajeron de Madrid los aparatos necesarios y el industrial encargado de hacerlos funcionar. 1)

A partir de entonces, las ciudades y pueblos iniciaron una veloz carrera para  conseguir sustituir el tradicional alumbrado de aceite o gas por el de la electricidad, lo que tuvo lugar en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX.

El alumbrado eléctrico llegó a Mengíbar en 1912, año que marca toda una época, un antes y un después. Fue, cómo no, la puerta y entrada de Mengíbar a la época del progreso, a la posibilidad del avance tecnológico, en concreto, a una nueva era, la de la electricidad, a la que la humanidad tanto debe, pues fue la base de los principales inventos del siglo XX. Para que Mengíbar conociese el alumbrado eléctrico, hizo falta una fuente de energía, que va a proceder de una Central hidroeléctrica que se va a construir en Mengíbar por esas fechas junto al río Guadalbullón, a unos tres kilómetros de la localidad, gracias a  la iniciativa del matrimonio formado por don Manuel de la Chica y Damas y su esposa, doña Juana Cassinello Núñez, unos entrañables personajes a los que tanto debe Mengíbar.

LA CENTRAL HIDROELÉCTRICA “LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN”

Iniciaremos este trabajo, pues, con la construcción de la Central hidroeléctrica “La Purísima Concepción” por don Manuel de la Chica y Damas, en unos terrenos de su propiedad, junto al río Guadalbullón, aprovechando el agua de un antiguo caz,  regularizado por una presa, situada cerca de Las Infantas, y con el que se regaba, desde tiempos inmemoriales, las tierras y huertas de Castromonte, los Chorrillos y Maquiz.

El lugar elegido para su construcción, la margen derecha del Guadalbullón y frente al antiguo molino harinero. Era un terreno de gran belleza, un paradisíaco lugar, con gran cantidad de árboles, parterres y jardines, en el que no faltaban los pavos reales y otras aves exóticas. De ahí, que fuese el lugar ideal, al que nuestros Maestros nos llevaban a pasar aquellos célebres y famosos días de campo, aunque, eso, sí, había que pedir el correspondiente permiso en la Casa Palacio, que concedía, normalmente, el entrañable Juan José Medina Castillo.
El 24 de enero de 1911, don Manuel de la Chica y Damas eleva instancia al Ayuntamiento de Mengíbar, pidiendo autorización para extender una red que conduzca el fluido eléctrico que produzca su fábrica en proyecto. Ello nos permite adelantar que la fábrica o Central hidroeléctrica se estaba construyendo en esa fecha.
La Central debía de estar terminada el 30 de julio de 1912, pues el Administrador de Contribuciones de Jaén comunica al Ayuntamiento de Mengíbar que ha sido aprobada el alta de industrial de una fábrica de electricidad al vecino de ésta, don Manuel de la Chica y Damas.
El agua del caz movía dos turbinas de 75 caballos de vapor, produciendo la energía suficiente para suministrar alumbrado y fuerza a las localidades de Mengíbar, Villargordo, Cazalilla y Jabalquinto. Unos teléfonos de pilas ponían en comunicación la Central con la Casa Palacio de Mengíbar y con las citadas localidades, para cualquier emergencia o determinación.
Desconocemos aquellos primeros operarios de la Central, pues ha desaparecido la documentación correspondiente. Sin embargo, sí hemos sabido los que trabajaban en ella en 1945, en los distintos turnos: Sebastián Medina Rodríguez “el trombón”, Bartolomé Millán Troyano “Bartolo, el de la luz”, Miguel Sánchez Estepa,  padre de Fidel Sánchez Campos, Fernando Serrano Pancorbo, Vicente Moya Aguilera “el cagón”, Enrique Santos García, Francisco Barahona Medina y Alfonso Millán Maestre. Como dato anecdótico, hemos de destacar que en la misma tenían lugar los ensayos de las coplas de una famosa murga de Carnaval, pues el director de la misma era Sebastián Medina Rodríguez “el trombón”, que allí trabajaba.
También necesitó la Sociedad de un equipo de electricistas, que se encargara de conectar el nuevo alumbrado en los hogares de las distintas localidades, así como arreglar las averías que se produjeran en la red. Recordamos, entre ellos, a Diego del Moral Muñoz, Manuel Mimbrera, José Luque Sánchez, y José Millán Matut. En las oficinas de administración, de la Casa Palacio, se encontraban Manuel Iglesias López y Manuel Bailón, el administrador de la Casa. Cuando la Compañía Mengemor se hace cargo del suministro del fluido eléctrico a Mengíbar, en agosto de 1942, los empleados de los sucesores de don Manuel de la Chica pasaron en su mayor parte a la citada Compañía, aunque la Central “La Purísima Concepción” siguió funcionando, vendiendo energía a la citada Compañía. En 1950, en unos grandes temporales de lluvias, la citada Central fue inundada por el agua en una gran riada, por lo que sus propietarios acordaron que cesase definitivamente su actividad. Hoy, su edificio permanece en pie, simbolizando una época gloriosa de la historia de Mengíbar, aunque la maquinaria desapareció para siempre, convertida en chatarra.
Como dato anecdótico, pocemos decir que la citada Central suministró la energía eléctrica necesaria para las obras de construcción de la otra Central sobre el Guadalquivir, de la Compañía “MENGEMOR”,  que fue inaugurada por don Alfonso XIII en 1916, de la que después hablaremos.

El 21 de agosto de 1936, el Ayuntamiento de Mengíbar remite escrito a los Alcaldes de Cazalilla, Villargordo y Jabalquinto, comunicándoles que esta Alcaldía, y por orden de Exmo. Sr.  Gobernador Civil, se ha hecho cargo de los bienes de don Manuel de la Chica y Damas, por lo que les ruega ordenen a los empleados de las respectivas localidades que vengan a Mengíbar para recibir órdenes de esta Alcaldía. Dos días más tarde, el 23 de agosto, el Ayuntamiento nombra electricistas interinos, con 2.140 pesetas anuales a:

En Mengíbar, a Miguel Sánchez.
En Villargordo, a Fernando Pancorbo Medina “el quinceno”
En Jabalquinto, a Juan Bruno.
En Cazalilla, a Francisco González.
Guarda del caz, a Antonio Medina.

EL ALUMBRADO PÚBLICO EN MENGÍBAR ANTES DE 1912

El alumbrado nocturno de las plazas y calles de Mengíbar hasta 1912 era casi inexistente, pues sólo en algunas de las calles más céntricas había unos faroles, alimentados por aceite, que los sufridos “Serenos” se encargaban de recargar, aunque el viento y la lluvia apagaban la mayor parte de las noches. No faltarían otras luces, bastante mortecinas, las de algunas hornacinas, donde se veneraban imágenes muy queridas por los mengibareños, y donde algunos vecinos se encargaban de que durante la noche hubiese un farol encendido, como promesa por algún favor recibido. En aquel ambiente, agravado por el mal estado de las calles, donde faltaba la más sencilla pavimentación, al anochecer, la vida en las calles Mengíbar desaparecía completamente, iniciándose la misma en el interior de los hogares, bien en la cocina, al abrigo de la lumbre o en la mesa camilla, con el brasero de picón, si era invierno. Allí, el abuelo contaba a sus nietos viejas leyendas y cuentos, transmitidas de generación en generación, mientras la madre les preparaba la cena. La oscuridad de la calle era aprovechada por los “atrevidos tenorios” para sus rondas nocturnas, espantando a los posibles curiosos con la invención de ciertas misteriosas apariciones de fantasmas.
Sirva como prueba del estado de las calles y su iluminación, el testimonio que un prestigioso periodista de entonces, don Alfonso Monge Avellaneda, natural de Pozo Alcón y que sería Alcalde de Jaén en 1915, expresaba, el 27 de marzo de 1905, en un diario nacional “El Diario Universal”, de Madrid:

“… Será todo lo raro que usted quiera, pero es verdad. Mengíbar es un pueblo de más de 5.000 habitantes, que está a una hora aproximadamente de Jaén, por ferrocarril, y que no tiene más luz durante la noche que la que le presta la Luna, cuando hay Luna. El forastero está allí expuesto a romperse la crisma a cada paso. Perdida la claridad del día, es imposible que el forastero pueda salir del tramo sin lazarillo. ¿Qué esto es una vergüenza? Así lo creo yo. El Ayuntamiento haría una obra plausible remediando esto. En un pueblo como Mengíbar, que no tiene ni un farol en sus calles más céntricas, no puede estar garantizada la seguridad personal, por aquello de que allí, al oscurecer, todos los gatos son pardos”. 2)

Desconocemos las causas de la estancia del citado periodista en Mengíbar, pero lo cierto es que estuvo unos días en esta localidad, siendo huésped de dos mengibareños: don Diego Fernández de la Chica, Médico en ejercicio y natural de esta localidad, y de don Fermín Sánchez Gutiérrez, prestigioso ingeniero de Minas, con los que le unía una gran amistad. Fruto de su estancia en Mengíbar fue un extenso artículo, del que hemos entresacado el texto anterior, en el que analizó la triste situación que se vivía en esta localidad, como consecuencia de la sequía, el paro y el hambre, dando algunas soluciones para abordar la crisis, como la construcción de la carretera de Mengíbar a Espeluy. Además, conoció, como hemos visto, el  deficiente o, mejor dicho, lamentable estado de la iluminación del pueblo, como muy expresa en el artículo, que antes hemos citado textualmente.
1) LÓPEZ PÉREZ, M. “La feria de 1878. En  suplemento de Feria del Diario “JAÉN”. 18 de octubre de 1978.

2) MONGE AVELLANEDA, ALFONSO. “Por la provincia de Jaén”, artículo aparecido en el “DIARIO UNIVERSAL” de Madrid, el 27 de marzo de 1905.

Sebastián Barahona Vallecillo
Cronista Oficial de Mengíbar

INTRODUCCIÓN

Ha sido bastante tradicional, a lo largo de muchos siglos, el que muchos mengibareños, especialmente los labradores y ganaderos, asistieran a las distintas Ferias que se celebraban en la ciudad de Jaén, especialmente a la sección de ganado. La más antigua de las Ferias jiennenses era la de la Virgen de Agosto, que después, poco a poco, fue siendo sustituida por la de San Lucas, en octubre. Era el momento más propicio de cambiar, comprar o vender los animales, tanto de labor como el lanar, cabrío o vacuno, y adquirir los distintos útiles  de labranza, como palas, bielgos, harneros, etc., sin olvidar el famoso almanaque zaragozano y la cesta de mimbre con asas, que se llenaba de castañas. A partir del último tercio del siglo XIX, se utilizaba como mejor medio de transporte el tren, por lo que el viaje a Jaén se hacía por la mañana y se regresaba por la noche, en aquel clásico y lento “tren correo”, que empleaba más de una hora en el corto trayecto que separa Mengíbar de la capital, aunque el viaje se completaba con la subida desde la Estación de Jaén al centro de la ciudad en aquellos célebres autobuses, como el del Hotel Comercio.

En aquellos últimos años del siglo XIX, uno de los espectáculos que más llamaba la atención, en las citadas Ferias, tenía lugar en unas barracas de lonas, tras abonar una cantidad para entrar, que presentaban la novedad de ver iluminarse unas bombillas, sin emplear aceite ni otro tradicional combustible. Un nuevo invento, que merecía la pena contemplar, para luego contar a los familiares y amigos, al regreso a Mengíbar. Así, gran sensación y asombro debió de causar a los mengibareños que asistieron, en 1878, a la feria de la Virgen de Agosto, cuando tuvieron la oportunidad de presenciar por primera vez el espectáculo inusual del alumbrado eléctrico. Aún no había llegado a Jaén la electricidad, aunque ese año, para solemnizar más la Feria, el Comercio de la ciudad decidió costear durante unos días la iluminación de la plaza de Santa María, además de  unos focos móviles que lo hacían a la fachada de la Catedral, a cuyo fin se trajeron de Madrid los aparatos necesarios y el industrial encargado de hacerlos funcionar.

A partir de entonces, las ciudades y pueblos iniciaron una veloz carrera para  conseguir sustituir el tradicional alumbrado de aceite o gas por el de la electricidad, lo que tuvo lugar en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX.

El alumbrado eléctrico llegó a Mengíbar en 1912, año que marca toda una época, un antes y un después. Fue, cómo no, la puerta y entrada de Mengíbar a la época del progreso, a la posibilidad del avance tecnológico, en concreto, a una nueva era, la de la electricidad, a la que la humanidad tanto debe, pues fue la base de los principales inventos del siglo XX. Para que Mengíbar conociese el alumbrado eléctrico, hizo falta una fuente de energía, que va a proceder de una Central hidroeléctrica que se va a construir en Mengíbar por esas fechas junto al río Guadalbullón, a unos tres kilómetros de la localidad, gracias a  la iniciativa del matrimonio formado por don Manuel de la Chica y Damas y su esposa, doña Juana Cassinello Núñez, unos entrañables personajes a los que tanto debe Mengíbar.

LA CENTRAL HIDROELÉCTRICA “LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN”

Iniciaremos este trabajo, pues, con la construcción de la Central hidroeléctrica “La Purísima Concepción” por don Manuel de la Chica y Damas, en unos terrenos de su propiedad, junto al río Guadalbullón, aprovechando el agua de un antiguo caz,  regularizado por una presa, situada cerca de Las Infantas, y con el que se regaba, desde tiempos inmemoriales, las tierras y huertas de Castromonte, los Chorrillos y Maquiz.

El lugar elegido para su construcción, la margen derecha del Guadalbullón y frente al antiguo molino harinero. Era un terreno de gran belleza, un paradisíaco lugar, con gran cantidad de árboles, parterres y jardines, en el que no faltaban los pavos reales y otras aves exóticas. De ahí, que fuese el lugar ideal, al que nuestros Maestros nos llevaban a pasar aquellos célebres y famosos días de campo, aunque, eso, sí, había que pedir el correspondiente permiso en la Casa Palacio, que concedía, normalmente, el entrañable Juan José Medina Castillo.
El 24 de enero de 1911, don Manuel de la Chica y Damas eleva instancia al Ayuntamiento de Mengíbar, pidiendo autorización para extender una red que conduzca el fluido eléctrico que produzca su fábrica en proyecto. Ello nos permite adelantar que la fábrica o Central hidroeléctrica se estaba construyendo en esa fecha.
La Central debía de estar terminada el 30 de julio de 1912, pues el Administrador de Contribuciones de Jaén comunica al Ayuntamiento de Mengíbar que ha sido aprobada el alta de industrial de una fábrica de electricidad al vecino de ésta, don Manuel de la Chica y Damas.
El agua del caz movía dos turbinas de 75 caballos de vapor, produciendo la energía suficiente para suministrar alumbrado y fuerza a las localidades de Mengíbar, Villargordo, Cazalilla y Jabalquinto. Unos teléfonos de pilas ponían en comunicación la Central con la Casa Palacio de Mengíbar y con las citadas localidades, para cualquier emergencia o determinación.
Desconocemos aquellos primeros operarios de la Central, pues ha desaparecido la documentación correspondiente. Sin embargo, sí hemos sabido los que trabajaban en ella en 1945, en los distintos turnos: Sebastián Medina Rodríguez “el trombón”, Bartolomé Millán Troyano “Bartolo, el de la luz”, Miguel Sánchez Estepa,  padre de Fidel Sánchez Campos, Fernando Serrano Pancorbo, Vicente Moya Aguilera “el cagón”, Enrique Santos García, Francisco Barahona Medina y Alfonso Millán Maestre. Como dato anecdótico, hemos de destacar que en la misma tenían lugar los ensayos de las coplas de una famosa murga de Carnaval, pues el director de la misma era Sebastián Medina Rodríguez “el trombón”, que allí trabajaba.
También necesitó la Sociedad de un equipo de electricistas, que se encargara de conectar el nuevo alumbrado en los hogares de las distintas localidades, así como arreglar las averías que se produjeran en la red. Recordamos, entre ellos, a Diego del Moral Muñoz, Manuel Mimbrera, José Luque Sánchez, y José Millán Matut. En las oficinas de administración, de la Casa Palacio, se encontraban Manuel Iglesias López y Manuel Bailón, el administrador de la Casa. Cuando la Compañía Mengemor se hace cargo del suministro del fluido eléctrico a Mengíbar, en agosto de 1942, los empleados de los sucesores de don Manuel de la Chica pasaron en su mayor parte a la citada Compañía, aunque la Central “La Purísima Concepción” siguió funcionando, vendiendo energía a la citada Compañía. En 1950, en unos grandes temporales de lluvias, la citada Central fue inundada por el agua en una gran riada, por lo que sus propietarios acordaron que cesase definitivamente su actividad. Hoy, su edificio permanece en pie, simbolizando una época gloriosa de la historia de Mengíbar, aunque la maquinaria desapareció para siempre, convertida en chatarra.
Como dato anecdótico, pocemos decir que la citada Central suministró la energía eléctrica necesaria para las obras de construcción de la otra Central sobre el Guadalquivir, de la Compañía “MENGEMOR”,  que fue inaugurada por don Alfonso XIII en 1916, de la que después hablaremos.

El 21 de agosto de 1936, el Ayuntamiento de Mengíbar remite escrito a los Alcaldes de Cazalilla, Villargordo y Jabalquinto, comunicándoles que esta Alcaldía, y por orden de Exmo. Sr.  Gobernador Civil, se ha hecho cargo de los bienes de don Manuel de la Chica y Damas, por lo que les ruega ordenen a los empleados de las respectivas localidades que vengan a Mengíbar para recibir órdenes de esta Alcaldía. Dos días más tarde, el 23 de agosto, el Ayuntamiento nombra electricistas interinos, con 2.140 pesetas anuales a:

En Mengíbar, a Miguel Sánchez.
En Villargordo, a Fernando Pancorbo Medina “el quinceno”
En Jabalquinto, a Juan Bruno.
En Cazalilla, a Francisco González.
Guarda del caz, a Antonio Medina.

EL ALUMBRADO PÚBLICO EN MENGÍBAR ANTES DE 1912

El alumbrado nocturno de las plazas y calles de Mengíbar hasta 1912 era casi inexistente, pues sólo en algunas de las calles más céntricas había unos faroles, alimentados por aceite, que los sufridos “Serenos” se encargaban de recargar, aunque el viento y la lluvia apagaban la mayor parte de las noches. No faltarían otras luces, bastante mortecinas, las de algunas hornacinas, donde se veneraban imágenes muy queridas por los mengibareños, y donde algunos vecinos se encargaban de que durante la noche hubiese un farol encendido, como promesa por algún favor recibido. En aquel ambiente, agravado por el mal estado de las calles, donde faltaba la más sencilla pavimentación, al anochecer, la vida en las calles Mengíbar desaparecía completamente, iniciándose la misma en el interior de los hogares, bien en la cocina, al abrigo de la lumbre o en la mesa camilla, con el brasero de picón, si era invierno. Allí, el abuelo contaba a sus nietos viejas leyendas y cuentos, transmitidas de generación en generación, mientras la madre les preparaba la cena. La oscuridad de la calle era aprovechada por los “atrevidos tenorios” para sus rondas nocturnas, espantando a los posibles curiosos con la invención de ciertas misteriosas apariciones de fantasmas.
Sirva como prueba del estado de las calles y su iluminación, el testimonio que un prestigioso periodista de entonces, don Alfonso Monge Avellaneda, natural de Pozo Alcón y que sería Alcalde de Jaén en 1915, expresaba, el 27 de marzo de 1905, en un diario nacional “El Diario Universal”, de Madrid:

“… Será todo lo raro que usted quiera, pero es verdad. Mengíbar es un pueblo de más de 5.000 habitantes, que está a una hora aproximadamente de Jaén, por ferrocarril, y que no tiene más luz durante la noche que la que le presta la Luna, cuando hay Luna. El forastero está allí expuesto a romperse la crisma a cada paso. Perdida la claridad del día, es imposible que el forastero pueda salir del tramo sin lazarillo. ¿Qué esto es una vergüenza? Así lo creo yo. El Ayuntamiento haría una obra plausible remediando esto. En un pueblo como Mengíbar, que no tiene ni un farol en sus calles más céntricas, no puede estar garantizada la seguridad personal, por aquello de que allí, al oscurecer, todos los gatos son pardos”.

Desconocemos las causas de la estancia del citado periodista en Mengíbar, pero lo cierto es que estuvo unos días en esta localidad, siendo huésped de dos mengibareños: don Diego Fernández de la Chica, Médico en ejercicio y natural de esta localidad, y de don Fermín Sánchez Gutiérrez, prestigioso ingeniero de Minas, con los que le unía una gran amistad. Fruto de su estancia en Mengíbar fue un extenso artículo, del que hemos entresacado el texto anterior, en el que analizó la triste situación que se vivía en esta localidad, como consecuencia de la sequía, el paro y el hambre, dando algunas soluciones para abordar la crisis, como la construcción de la carretera de Mengíbar a Espeluy. Además, conoció, como hemos visto, el  deficiente o, mejor dicho, lamentable estado de la iluminación del pueblo, como muy expresa en el artículo, que antes hemos citado textualmente.

EL 24 DE JUNIO DE 1912 SE INAUGURA EN MENGÍBAR EL ALUMBRADO ELÉCTRICO

Al mismo tiempo que se construye la Central hidroeléctrica, don Manuel de la Chica y Damas inicia las gestiones con el Ayuntamiento para instalar en Mengíbar la red que hiciera posible el alumbrado eléctrico. Así, el 28 de enero de 1911, don Fernando Ruano, de Linares, en representación de don Juan Agudo Valero, pide autorización para establecer una red en esta población para el alumbrado eléctrico. Unos días más tarde, el 1 de febrero, don Manuel de la Chica y Damas eleva instancia al Ayuntamiento para que se le conceda el tendido de las calles para el alumbrado eléctrico. Será el 8 de enero de 1912, cuando don Manuel de la Chica remite un Edicto al Ingeniero Jefe de Industria para que se exponga al público, por el que solicita el paso de la línea de electricidad por varias fincas, y para que reclame el que a bien lo tenga. Como se puede pensar, se trata del tendido de la línea eléctrica desde la Central hidroeléctrica hasta el casco urbano de Mengíbar.
Y siguen las obras, pues el 25 de enero de 1912, don Manuel de la Chica y Damas solicita autorización para edificar una caseta para los transformadores del alumbrado, en el corral de la Torre, propiedad del Ayuntamiento. Además, solicita del Ayuntamiento que se le indique los sitios en que se han de colocar las luces para el alumbrado público. Dos días más tarde, el Ayuntamiento contesta a don Manuel de la Chica y Damas, autorizándole la construcción de la caseta para los transformadores, y manifestándole que el alumbrado público será de cien lámparas, instaladas por los operarios de don Manuel de la Chica y Damas.
El 30 de mayo de 1912, las obras deberían estar muy avanzadas, pues el Ayuntamiento solicita del Gobernador Civil de la provincia autorización para celebrar contrato con don Manuel de la Chica y Damas del alumbrado público por medio del fluido eléctrico. Ese mismo día, don Manuel de la Chica y Damas comunica al Ayuntamiento que ha recibido los “aparatos” para el alumbrado público, poniéndolos a disposición del mismo, para cuando quiera disponer su colocación. Los citados “aparatos” serían los faroles, cables, lámparas y otros utensilios. El Ayuntamiento contesta a don Manuel de la Chica y Damas, el 3 de junio de ese mismo año, manifestándole que la Corporación Municipal ha acordado que por sus dependientes se haga la colocación de los aparatos para el alumbrado y, una vez terminado, presente la cuenta de su coste al Ayuntamiento. El Gobernador Civil, con fecha 4 de junio de 1912, autoriza al Ayuntamiento para que contrate el alumbrado público con don Manuel de la Chica y Damas, por lo que se va a cercando el final de este largo proceso, que culminará con la inauguración de la Central hidroeléctricaLa Purísima Concepción” y el alumbrado eléctrico de las plazas y calles de Mengíbar, todo un acontecimiento, digno de verse reflejado en el Diario de la ciudad de Jaén, “El Pueblo Católico” de fecha 2 de julio de 1912. Textualmente, dice así:

De Mengíbar

LA LUZ ELÉCTRICA

“Al cabo de muchos años en que este pueblo ha trabajado para alcanzar el alumbrado eléctrico, ha conseguido que la Casa Palacio, hoy propiedad de don Manuel de la Chica y Damas, lo haya instalado para éste y otros tres pueblos más: Villargordo, Jabalquinto y Cazalilla, que están de enhorabuena, por haber obtenido tan suspirada como importante mejora. La fábrica y toda la instalación, dirigida por sabios ingenieros de Madrid y Linares, y ejecutada por maestros competentes, resulta de una construcción sólida, riquísima y lujosa como hay pocas en España, en que el dueño no ha omitido gasto alguno, dotándola de todos los adelantos hasta hoy conocidos.
El sitio en que se levanta el soberbio edificio es amenísimo: en una huerta de cabida de siete cuerdas, poblada de olivos y árboles frutales, a unos dos kilómetros de la población, a orillas del río Guadalbullón y enfrente del molino harinero que fue de don Pedro Gámez, con una bonita y firme carretera que arranca del camino de Maquiz hasta la misma puerta de la fábrica, rodeada de un primoroso jardín y ostentando en su fachada una preciosa imagen de la Purísima, de que toma su nombre.
Quisiera ser perito en la materia para describir las turbinas, el teléfono, que se comunica con el despacho del opulento propietario en el pueblo, y los demás aparatos muy complicados de que se compone la fábrica; sólo diré que la bendición se hizo por el reverendo señor cura párroco, don Ildefonso de Sena y Carrasco, de una manera privada por estar de luto los señores de la Chica a causa de la pérdida muy reciente del hijo menor, ocurrida en Granada.
Lástima grande que por esta causa no se haya podido cumplir el programa que estaba proyectado para celebrar este acontecimiento, que hubiera revestido grande solemnidad, consistente en una muy solemne fiesta religiosa, precedida de un triduo, en que hubiera predicado todos los días el famoso orador Sagrado, padre Cuenca, provincial de la Casa de Capuchinos de Sevilla, y demás festejos y limosnas que acostumbran desplegar estos señores en semejantes casos; programa que, según se dice, tendrá lugar al llegar el aniversario de la inauguración del alumbrado, verificada el 24 del corriente, día de la esposa del señor la Chica, distinguida y simpática dama, muy querida de este pueblo por su generosidad y probados sentimientos religiosos y humanitarios. Mas este pueblo, que ha sabido respetar con su silencio el luto de los señores de la Chica por su reciente desgracia, aprovechando su ausencia de esta villa, no pudo por menos celebrar respetuosamente, en la noche de aquel memorable día esta importantísima mejora, por medio de tres repiques generales de campanas y los acordes de la música, que duró desde las diez hasta las doce, en que la plaza resultó muy iluminada y animada, dando así un público testimonio de gratitud a la casa que le había sacado de la oscuridad de las tinieblas, a la luz del progreso, mejora de que era merecedor este noble y sufrido vecindario.
Un personal escogido y numeroso, repartido en los tres pueblos referidos, se ocupa en la actualidad en las instalaciones y que bien pronto disfrutarán también la mejor luz eléctrica hasta ahora conocida. «EL CORRESPONSAL» 3)

Interesante testimonio, que nos ofrece el corresponsal en Mengíbar del Diario “El Pueblo Católico”, de Jaén, sobre el acontecimiento que vivió Mengíbar, con motivo de la inauguración del alumbrado público con el fluido eléctrico, procedente de la Central HidroeléctricaLa Purísima Concepción”. De su lectura, hemos podido saber que la mayor parte de los actos programados para la inauguración y bendición de la Central y el alumbrado público debieron de recortarse, ante el luto de la familia La Chica por la muerte de su hijo menor. Así, la Central fue bendecida por el entonces párroco de San Pedro Apóstol, don Ildefonso de Sena Carrasco. De la inauguración del alumbrado público de Mengíbar, nos dice que se hizo en la noche del 24 de junio, festividad de doña Juana Cassinello Núñez, esposa de don Manuel de la Chica y Damas. Y, aunque se suspendieron los festejos organizados, el pueblo de Mengíbar se echó a la calle y llenó la plaza, hoy de la Constitución, celebrando el acontecimiento, aunque respetando el dolor de la familia, que hubiese sido la gran protagonista de la jornada. Tres repique de campanas de la iglesia de San Pedro y gran concierto de la banda de música fueron la evidencia de una noche mágica para Mengíbar. Una noche que, pese a todo, había que celebrar, porque iba a llegar la luz eléctrica, y ésta se hizo y la plaza se iluminó como nunca se había visto. Y los niños jugaron esa noche hasta altas horas, y los mayores no salían de su asombro y paseaban y paseaban por aquella plaza terriza, pero más bella a partir de ese día. Y, cómo no, surgirían los lógicos comentarios sobre el evento. Para la mayoría, de satisfacción y de alegría. Para unos pocos, los clásicos agoreros, que nunca pueden faltar, aquello era obra del demonio, que sólo traería desgracias y calamidades. Las autoridades con su Alcalde a la cabeza, don Diego Moreno Saeta, gozarían del momento, contemplando desde los balcones del viejo Ayuntamiento el espectáculo de un pueblo contento y feliz. Otros mengibareños se reunieron en las calles, sentados al fresco, bajo aquellas nuevas bombillas, y también comentaron el acontecimiento, y es que fue un día histórico para Mengíbar.
Lo cierto es que la llegada de la luz eléctrica a Mengíbar transformó hábitos y comportamientos de los mengibareños, heredados de muchos siglos, y, poco a poco, va a ir arrinconando en cámaras y desvanes aquellos instrumentos tan imprescindibles y utilizados hasta entonces, como el candil, el farol, la capuchina, el velón, el quinqué y otros instrumentos de uso tan cotidiano hasta entonces.
También el artículo del “Pueblo Católico” nos suministra ciertos detalles interesantes de la Central hidroeléctrica o “fábrica de la luz”, como se conoció en Mengíbar. Así, que ocupaba una huerta de siete cuerdas de cabida, poblada de olivos y árboles frutales, rodeada de un primoroso jardín y ostentando en la fachada una preciosa imagen de la Purísima.

Siguen los trámites burocráticos, y el 2 de agosto de 1912, el Ayuntamiento de Mengíbar comunica al Gobernador Civil de la provincia que se ha celebrado el correspondiente contrato con don Manuel de la Chica y Damas para el suministro de fluido eléctrico, así como el de las Casas Consistoriales. Todos los trámites finalizan el 6 de mayo de 1913, cuando el ingeniero de Obras Públicas comunica a don Manuel de la Chica y Damas la aprobación de su línea eléctrica de alta tensión desde la Central “La Purísima Concepción” hasta las localidades de Mengíbar, Villargordo, Cazalilla y Jabalquinto.

Hemos tenido la suerte de conocer la Póliza de Abono, número 10, de fecha 1 de julio de 1912, que suscriben el vecino de Mengíbar, don Luis Iñiguez Troyano, domiciliado en la calle Prim, número 18, y don Manuel de la Chica y Damas, propietario de la Centra Hidroeléctrica “La Purísima Concepción” de Mengíbar, en la que éste se compromete a suministrar luz eléctrica al dicho Luis Iñiguez, que se obliga a abonar mensualmente dos pesetas por una lámpara de filamento de carbón de 5 bujías que ha instalado en su domicilio. También éste abona a don Manuel de la Chica la cantidad de 7 pesetas por el material y trabajos de la instalación del fluido eléctrico. Indudablemente, estamos ante una de las primeras pólizas o contrato de fluido de la Central hidroeléctrica con un vecino de Mengíbar.
Gracias a la citada Póliza, hemos sabido ciertos detalles curiosos, como las condiciones generales del contrato, de las que entresacamos las siguientes:

1ª. “La Central suministrará la corriente eléctrica bastante para el mejor lucimiento del alumbrado, todas las noches desde la puesta á la salida del sol; pero si por fuerza mayor, ó averías en la maquinaria, líneas o transformadores, se viera el propietario de dicha Central en la necesidad de incumplir este compromiso, quedará relevado de él hasta que el accidente que motive la interrupción, haya desaparecido. El abonado no tendrá derecho á que se le indemnicen perjuicios y únicamente podrá reclamar que se le deduzca de la cuota mensual, los días que fue interrumpido el servicio, siempre que excedan de tres consecutivos…”.

2ª. “Las instalaciones se llevarán á cabo por operarios del mismo propietario de la Central, y necesariamente con el material que tiene en almacén á los precios corrientes…”.

4ª. “Los pagos de la instalación serán al contado ó á plazos de diez mensualidades. En el primer caso tendrá el abonado la bonificación del 10 por 100 sobre el importe de la instalación, quedando ésta de su propiedad; y en el segundo no queda en propiedad del abonado hasta su completo pago…”.

5ª. “El abonado se obliga á permitir en cualquier tiempo á los empleados de la Central, la entrada en su domicilio para la inspección de las instalaciones, reconociendo que son tales empleados por las insignias que adopte el propietario de la mencionada Central ó por las credenciales con su sello y firma que habrá de manifestar el empleado caso de exigirlo cualquier abonado”.

7ª. “La cuenta del consumo se abonará á la presentación del recibo por meses vencidos y dentro de los cinco días del mes siguiente. Las de los materiales y reparaciones, inmediatamente de ser causadas”.

8ª. “Las instalaciones para contador solo se harán mediante pago al contado y el sistema ó marca de dicho aparato será aprobado por el propietario de la Central ó sus representantes”.

9ª. Las lecturas del consumo tomadas del contador se anotará en libretas talonarias que llevarán los empleados, entregando al abonado ó á quien lo represente, la hoja mensual con las misma anotaciones…”.

10ª. La suscripción se hará por el plazo de un año; se considerará prorrogada por uno, dos ó varios años más, cuando con ocho días de anticipación á cada vencimiento, por lo menos, no manifieste por escrito cualquiera de las partes su deseo de rescindirla, suspenderla ó renovarla”.

12ª. Será de cuenta del abonado el timbre de la Póliza y todos los impuestos creados ó por crear que graven el suministro origen de este contrato á favor del Estado, la Provincia ó el Municipio”.

Resultan también curiosas las tarifas de las lámparas o bombillas que la empresa del alumbrado eléctrico ponía a disposición de los vecinos de Mengíbar, así como los precios del alumbrado:

Lámparas incandescentes

De filamento carbón

5 bujías…….. 2.00 ptas. al mes
10 “ …….. 3.00 “ “ “
16 “ …….. 4.25 “ “ “
25 “ …….. 5.50 “ “ “

De filamento metálico

10 bujías……. 2.50 ptas. al mes
16 “ ……. 3.25 “ “ “
25 “ ……. 4.50 “ “ “

Para lámparas de mayor intensidad, precios especiales.
Cada dos lámparas tiene derecho el abonado á una conmutada con otra de igual intensidad, por el solo aumento de pesetas 0.50 al mes, sobre el precio de aquella.
El alumbrado por contador de energía á ptas. 0.75 por cada kilovatio hora.
Sobre los anteriores precios se cobrará el 10 por 100 del impuesto vigente

Hemos sabido que el precio de las lámparas o bombillas del alumbrado público en 1915 era de 1 peseta.
Aquel primitivo alumbrado funcionaba sólo de noche y no todas, pues era normal, en caso de lluvia o viento que el fluido se interrumpiera hasta que aquellos sufridos electricistas encontraban el poste de madera caído, que sostenía los cables de conducción o cuando éstos se cortaban por el viento.

3) Artículo aparecido en el Diario “EL PUEBLO CATÓLICO”, de Jaén, el martes 2 de julio de 1912.

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