La feria de Mengíbar en tres bellas y viejas estampas

Los acontecimientos, que hemos vivido en el pasado, permanecen en nosotros como recuerdos, más o menos fijos y estables, según el grado de haber sido protagonistas de ellos. Sin embargo, con el paso de los años, en algo o bastante se van diluyendo e, incluso, olvidando. Es por ello, que serán los testimonios, principalmente escritos, los que nos ayudarán a conservarlos y fortalecerlos en nuestra memoria. Pero más que los escritos, son las viejas fotografías, las que nos ayudan a transportarnos a los momentos en que las fotos fueron hechas, incluso sin haberlos vivido, porque, quizá, aún no vivíamos. Por ello, nos vamos a servir de algunos testimonios fotográficos para evocar Ferias de Santa María Magdalena antiguas, pero que suponen mucho para cualquier mengibareño.

JINETES Y AMAZONAS EN LA FERIA DE  1944

Iniciamos nuestro recorrido en la plaza de la Constitución, en 1944, en aquella antigua y bella plaza, ya desaparecida. Vemos al fondo el viejo Ayuntamiento, también desaparecido y en un primer plano, caballos, lujosamente enjaezados, montados por jóvenes mengibareños, distinguiéndose la pareja formada por Ramón Díaz López y Cati Sánchez Sánchez. Otro joven, Raimundo Alcázar Díaz, vestido con traje blanco, apoya la mano en el caballo de Cati. Nos da la impresión de que Raimundo, paseando por la plaza, ha visto a los amigos y se ha acercado a hablar con sus amigos. Otro caballo completa el testimonio. Va montado por un caballista y a la grupa aparece otra joven, Juana Iglesias Salazar, vestida de traje de gitana.
Destaca en la foto las colgaduras de los balcones y ventanas de aquel viejo Ayuntamiento así como el edificio, donde estuvo Auxilio Social y después el Juzgado Comarcal. También sobresale el ambiente festivo de una Feria, del que puede apreciarse una caseta de turrón, tan típica en las Ferias de nuestros pueblos, donde la madre del novio compraba el “presente” o regalo para la novia, consistente en un surtido de dulces y turrones. Esas casetas de turrón procedían de Lucena y, principalmente, de Bailén. Sus propietarios, vestidos con camisas blancas y siempre limpias, nos presentaban unas casetas de telas blancas y siempre pulcras, con mostrador, donde se exhibían los mejores turrones y dulces, atrayendo a los mengibareños a degustarlos. Ese momento, normalmente, tenía lugar a la hora de retirarse la familia a la casa, después de haber probado un cucurucho de vainilla con helados variados.
Los caballistas, estamos seguros de que están dando una vuelta por el ferial y están esperando la procesión de Santa María Magdalena, para dar escolta a la patrona. La procesión salía de la iglesia de San Pedro, después de la Fiesta religiosa, con el fuerte calor de esos días del mes de julio. A pesar de ello, los mengibareños acompañaban a la Patrona con el traje, que servía para todas las festividades del año, y la correspondiente corbata, fieles a sus tradiciones seculares.

EN LA CASETA DE BAILE DEL BAR “MATÍAS”. AÑOS CUARENTA DEL SIGLO XX

Nos hemos encontrado con otro viejo testimonio de la Feria de Santa María Magdalena, también de los años cuarenta, del pasado siglo. Tiene como escenario aquella caseta de baile, instalada en la terraza de la familia Lillo, de la plaza de la Constitución, donde hoy se encuentra un edificio de esa familia, con soportales. Junto a la dicha terraza se encontraba el bar “Matías” y éste, todos los años, arreglaba y adaptaba  la terraza, la cercaba con una valla de madera o cañizo, la regaba por la tarde, ponía un buen alumbrado y en la misma instalaba una de las dos casetas de baile de la Feria; la otra se instalaba en la terraza de la Casa Palacio, donde el Ayuntamiento organizaba la Caseta Municipal.
Observamos en la fotografía varias parejas, destacando las formadas por Vicente Simarro y Juana Polaina, y Francisco Alcázar y Antonia Polaina, además de Trini Polaina, y de las hermanas Carmela y Antonia Simarro, de Linares, que estaban pasando la Feria en Mengíbar. Vemos a los hombres con traje y corbata y a las señoritas con bellos vestidos y collares.
En la caseta de Matías, las parejas y los grupos de jóvenes ocupaban desde las primeras horas de la tarde las sillas y veladores, siendo atendidos por amables camareros, unos de Mengíbar, y otros, de Linares y Jaén. Queremos recordar, entre otros, a los mengibareños, Blas Sánchez, Salvador Pancorbo y Bautista del Moral. Lo que más se servía eran los refrescos y las gaseosas de bola. Esas botellas, para abrirlas, era necesario que el camarero introdujese el dedo pulgar en el cuello de la botella y presionase la bola, que la cerraba, hasta que ésta bajase y el líquido pudiese salir. Más raramente, se servía cerveza, pues entonces pocas eran las personas que consumían esta bebida. Para refrescar aquellas bebidas se empleaban barras de hielo, que se fabricaban en la fábrica de Jerónimo Párraga, pues entonces aún no se conocían los frigoríficos. Para el baile, Matías contrataba para todos los días de Feria a las dos principales orquestas de Mengíbar: “Fraga” y “Fuentes”, que deleitaban a los asistentes con las últimas melodías de moda en aquellos momentos. Las parejas, después de haber recorrido varias veces el ferial, de haberse montado en las distintas atracciones y haberse hecho la rutinaria foto, delante del telón, que simulaba el barco, el avión o los jardines más bellos de España, se sentaban en esta terraza, desde donde se divisaba el ferial. El baile duraba hasta altas horas de la madrugada, y, cuando éste finalizaba, era casi preceptivo el tomarse los churros con chocolate, en las casetas instaladas en la primera parte de la calle Jaén. Se hacía de día y era hora de descansar un rato, pues el trabajo esperaba, a pesar de ser Feria; había que divertirse, a pesar de los duros y difíciles momentos que se vivían en aquella España de la posguerra.
Al fondo de la foto, observamos la plaza y el ambiente de Feria, como el carrusel, una atracción muy típica de nuestra Feria, instalado en la puerta de la casa y tienda de José Moreno Sánchez, que tanto agradaba a jóvenes y mayores, así como otras atracciones, como cunicas, veladoras, columpios, que se instalaban en la plaza del Sol. También es visible un puesto de bisutería y baratijas, llamado entonces paraguas, muy típico de la Feria, donde las jóvenes elegían el collar, la pulsera, el alfiler, el bolso, etc. Éste era el puesto de feria, donde el novio compraba a la novia lo que más a ella le gustaba y que su madre le había encargado que hiciera con generosidad y buen gusto.
Y, junto a las atracciones, estaban los vendedores de moñas de jazmines, que iban ensartadas en una caña larga. También el novio obsequiaba a su novia con una de aquellas moñas, que ésta colocaba con primor y una laña junto a la oreja, resaltando así su belleza, que quedaría reflejada en una fotografía, realizada por uno de los varios fotógrafos ambulantes, que se colocaban en el ferial.  Y a la caseta llegaban también los vendedores de camarones y garbanzos tostaos. Les caracterizaba la chaquetilla blanca y la cesta de mimbre. Vendían su producto, dejándolo sobre un papel de estraza.

MAJORETTES  EN LA FERIA DE 1974

Quisiéramos destacar, llegando a 1974, el momento en que en la Feria de Mengíbar actuó un interesante conjunto de “majorettes”, procedentes de Porcuna. La Comisión de Festejos contrató a este grupo para que hiciera el desfile por las calles de Mengíbar, en la tarde del día 21 de julio, la víspera de la Feria. Constituyó todo un éxito y  atrajo a un gran número de mengibareños, que presenciaron el desfile por las principales calles de Mengíbar. La foto nos muestra el momento en que el grupo de “majorettes”, precedido de una banda de música hace el desfile por la plaza de la Constitución.
La foto es de una buena calidad y nos muestra, además del desfile de la atracción, el aspecto de la dicha plaza, ya en vísperas de la Feria. Podemos destacar, en la puerta del Ayuntamiento, la presencia de las autoridades locales, como el Alcalde, don Ramón Díaz López, grupo de concejales, el señor Juez Comarcal, don Pedro Blanco Gallego, y a don José Plata Gutiérrez, mengibareño de nacimiento e Inspector Jefe de Madrid, que ese año iba a ser proclamado Hijo Predilecto de Mengíbar.
Y, cómo no, esa bella plaza, que había tomado la forma actual hacía pocos años, sustituyendo a otra de las muchas con las que ha contado a lo largo de la historia, pues no olvidemos que corresponde a la plaza de armas de la antigua fortaleza, está presidida por la Torre del homenaje de la misma. Esa Torre es el alma de Mengíbar. ¿Qué sería Mengíbar sin nuestra esbelta Torre? Y, tanta importancia tiene para nosotros que son los pueblos vecinos los que nos han montado la leyenda de que en un año muy escaso de lluvias, la sequía era tan grande y la situación económica tan calamitosa, que una familia, poseedora de una yegua, antes de que se muriera de hambre, ideó  subirla a la Torre, donde habían nacido unas pocas hierbas. La ataron con sogas y, cuando iba el pobre animal por la mitad, las sogas se corrieron a la garganta y los de abajo, viendo la expresión de la yegua con la boca abierta y la lengua fuera, decían a los de arriba: “Tiradle, que ze ríe”. Y con esa expresión literal han tratado de zaherirnos a lo largo de los años.
Volvemos a ver las típicas casetas de pollos asados y bebidas, las de turrón, los puestos de helados, el kiosco de la esquina de la calle Jaén, y, sobre todo, muchas personas, grandes y chicas. Las de mayor edad están sentadas en los bancos de la plaza, esperando que la atracción esté más cerca para contemplarla. Las menores, viendo la atracción y jugando. También vemos la iluminación extraordinaria de Feria, con los tradicionales arcos de luces de colores.

A través de estos tres antiguos testimonios fotográficos hemos visualizado distintos momentos de la Feria. Distintos escenarios, distintos momentos, distintas personas,  pero todas ellas están viviendo con ilusión la Feria de Mengíbar, en honor de la Patrona, Santa María Magdalena.

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