D. Sebastián Barahona Vallecillo – Cronista Oficial de Mengíbar, hace poco publicó en el Diario Jaén, este articulo sobre una mengibareña que celebró su 107 aniversario. Os dejo su artículo:

 

Hace unos días, concretamente, el 31 de agosto, una mengibareña, María Castro Ceacero, cumplió 107 años. Ello nos ha obligado a dar a conocer y destacar este hecho, poco frecuente, a pesar de los muchos avances de la medicina de nuestros días.

María nació en Mengíbar, el 31 de agosto de 1904, y fue la hija mayor de ocho hermanos, tres hembras y cinco varones, todos nacidos del matrimonio formado por Francisco Castro del Moral, agricultor, y Juana Ceacero Sánchez. Actualmente, de los ocho hermanos, sólo viven dos, ella y Francisca.

María Castro Ceacero pertenece a una familia honrada y de hondas raíces en Mengíbar, por lo que es muy querida, siendo también de todos conocida por María la pacha y la de los oros, debido a serlo así su familia con ese apodo, y porque durante muchos años ha estado vendiendo objetos de oro y plata en su casa a gran número de mengibareños, siendo muchas las familias que, con motivo de la Pedida del noviazgo, así como de los regalos de cumpleaños, onomásticas y otras celebraciones, acudían a ella para adquirirlos en su casa, donde, curiosamente, no existían alarmas ni medidas de seguridad, normalmente, pagándolos en cómodos plazos y, sobre todo, como buenamente podían. Ello nos hace pensar en el mérito de esta mujer, cuando se daba el caso de que era, prácticamente, analfabeta, y pensamos en los medios que utilizaría para controlar el negocio y retener nombres y cantidades adeudadas, con el fin de que los clientes saldaran las deudas, que en muchas ocasiones ascendían a cantidades considerables. María viajaba con mucha frecuencia en tren a Córdoba, donde adquiría las joyas en distintos establecimientos de aquella ciudad, en los que era muy conocida y apreciada, distinguiéndose siempre por su honradez, formalidad y cumplimiento de las obligaciones contraídas en las muchas y grandes operaciones comerciales con aquellas importantes joyerías cordobesas.

Desde muy joven estuvo sirviendo como cocinera con la familia Lillo, primero con don Juan Lillo de la Chica, que fue Presidente de la Audiencia Provincial de Jaén, y después con su hermana, doña Consuelo Lillo de la Chica, en un piso que ésta tenía en Córdoba. En esa ciudad, precisamente, vivía un familiar de María, que trabajaba en una joyería, que fue quien le animó a vender oros en Mengíbar.

Hace unos veinte años que María se marchó a Gavá (Barcelona), donde actualmente reside, para ser cuidada por sus sobrinos, Juan Beltrán y Juani Castro, ya que ella es soltera. Cuando cumplió cien años, el Ayuntamiento de Gavá le hizo un homenaje, visitándola en su domicilio el Alcalde de aquella localidad, que le hizo entrega de varios y entrañables obsequios. María siempre ha recordado con cariño a Mengíbar y no ha dejado de recordar a sus sobrinos el ser enterrada en su pueblo, cuando fallezca. Sabemos que sus sobrinos la cuidan y miman con el máximo celo.

Hemos preguntado por su salud y su sobrina, Juani, con la que convive, nos ha informado de que no toma medicinas ni necesita asistencia médica, aunque precisa de un sillón de ruedas, y está perdiendo, poco a poco, sus facultades. Come y bebe bien, sigue conociendo a la familia, no oye y en ocasiones desconoce exactamente su situación.

Esperamos que Dios siga ayudando a esta, más que centenaria, mengibareña y le conceda salud en los años que le queden de vida, y a sus queridos sobrinos les de fuerzas para sobrellevar los muchos y lógicos achaques de su avanzada edad.

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