LOS SERENOS EN MENGÍBAR

ANTECEDENTES

¿Quién no ha oído hablar de los serenos? Algunos, los más mayores, aún los recuerdan con cariño y los añoran; otros, los que somos más jóvenes, oímos hablar de ellos con nostalgia a nuestros padres y familiares. ¡Con qué cariño hablaban de ellos, cuántas cosas nos contaban, alabando su sacrificada profesión! Y es que el mundo de nuestros días, el que nos ha tocado vivir, de tanta actividad, tan distinto y diferente, forzosamente nos hace mirar al pasado, cuando se vivía con más tranquilidad, sin prisas, sin agobios ni estrés, sabiendo que había que emplear en los asuntos o tareas todo el rato necesario y, sobre todo, que había tiempo para todo, aunque tuviesen que emplearse más días, meses o años.

D. José Lorente Gámez - Sereno de Mengíbar desde principios del s. XX hasta 1932

Pero quizá sea hora de que digamos qué o quiénes eran aquellos serenos. El diccionario de la Lengua de la Real Academia Española lo define como “Cada uno de los dependientes encargados de rondar de noche por las calles para velar por la seguridad del vecindario, de la propiedad, etc.”. Pero esta definición nos podría confundir, al identificarlos con los cuerpos de la Guardia Municipal, Guardia Civil o Policía Nacional. Sin embargo, los serenos eran distintos a los componentes de estos modernos cuerpos de seguridad. Ellos eran más humildes en sus pretensiones, menos cuerpo armado, más sacrificados por las circunstancias en que desenvolvieron su labor, más románticos, si analizamos su loable actuación. Ello es lo que pretendemos en este trabajo, que quisiera fuese un homenaje a todos aquellos serenos que recorrieron las calles de Mengíbar, en tantas noches oscuras, pues la iluminación, o aún no existía o era bastante escasa, como después veremos. Esos hombres que, lloviendo, con frío, con calor, desarrollaban su labor, con unos sueldos bastantes escasos, sin más armas que un “chuzo” y el pito, sin olvidar el farol de aceite. Ellos marcaron toda una época, ya pasada, aunque, no por ello, menos interesante y digna de recordarse.

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