Mengíbar es un pueblo que tiene en su historia una relación muy especial con la Santa Cruz. D. Sebastián Barahona Vallecillo nos aporta en esta crónica información y datos relevantes, algunos datados de 1550…

INTRODUCCIÓN

Podemos decir que la localidad de Mengíbar venera, honra y ama con pasión a la cruz, el instrumento de la muerte de Jesús, desde tiempos inmemoriales. Son muchas las pruebas que pueden demostrar esta afirmación. En primer lugar, el gran número de hornacinas, situadas en las fachadas de casas, de muchas calles de esta localidad, que albergan las cruces negras de madera con el clásico sudario blanco en los brazos, que son cuidadas con gran celo y cariño por los vecinos de la calle, y que el 3 de Mayo, festividad de la Santa Cruz, son adornadas y veladas, siendo muy visitadas por el vecindario. Esta típica tradición mengibareña se viene realizando desde hace muchos siglos y nos atreveríamos a afirmar que su origen se pierde y se confunde con la historia de Mengíbar. En una de esas hornacinas, la más artística de todas, situada en la calle “Hermanos Fernández”, se venera desde finales del siglo XVII la SANTA CRUZ DE CARAVACA, que describiremos más adelante.

Otra prueba del amor que se profesa en Mengíbar a la cruz, es el hecho de que en 1550, se funda la Cofradía de la Santa Vera Cruz, en la iglesia de San Pedro Apóstol del citado lugar. Esta insigne Cofradía permanece muy activa en nuestros días, a pesar del gran número de años transcurridos desde su fundación, y cuenta con más de cien Hermanos.

Y no podemos olvidar los muchos topónimos existentes en la localidad de Mengíbar, así como en su término municipal, dedicados a la cruz. Unas veces, en calles, como “Vera Cruz”, “Cruces”, “Cruz Verde”, así como en lugares del término, entre los que podemos citar, entre otros, “Cruz Blanca”, “Cruz de la Tejera”, “Cruz del Estudiante”, “Cruz de la Fuente Redonda”, “Cruz de Palo”, “Cruz de Piedra”, “Cruz de Zancas”, “Cruz de la Asomadilla”, “Cruz del Humilladero”… También son frecuentes las empresas e industrias locales que han sido nominadas con algunos de estos anteriores topónimos.

Ello nos demuestra que el sentimiento de amor y veneración a la cruz está en el corazón de los mengibareños, así como en las costumbres, en las tradiciones y en la historia de esta localidad, desde hace muchas generaciones, por lo que en determinadas fechas del año, como la del 3 de Mayo, ese sentimiento se exterioriza con entusiasmo, engalanando con arte y colorido las cruces de las hornacinas de las distintas calles de Mengíbar.

Por todo ello, hemos creído tener razones suficientes para intervenir con esta comunicación en el Congreso de “LA CRUZ DE CARAVACA”, que tendrá lugar en la localidad de Caravaca de la Cruz (Murcia), el próximo 17 de junio, con motivo de cumplirse el “775 aniversario de la Aparición de la Santísima Vera Cruz”.

Hemos dividido nuestro trabajo en tres apartados:

1.   La Cruz de Caravaca en la hornacina de una calle de Mengíbar.
2.    La Cofradía de la Santa Vera Cruz de Mengíbar.
3.    La Fiesta de la Cruz de Mayo en Mengíbar.

1. LA CRUZ DE CARAVACA EN LA HORNACINA DE UNA CALLE DE MENGÍBAR

Fue a finales del siglo XVII, cuando las autoridades eclesiásticas de Mengíbar solicitaron la colaboración de los vecinos para construir catorce hornacinas en las calles del recorrido de las procesiones de Semana Santa, donde se colocarían las cruces, que servirían también para rezar y hacer la Estación del Vía Crucis, sustituyendo al antiguo, que iba por las afueras de la población.
Y así, se construyen esas clásicas hornacinas o huecos hechos en la pared maestra de la fachada de las casas del recorrido, presididas por la cruz pintada en negro y el sudario blanco en los brazos, de las que aún se conservan algunas, como la de la calle “Antonio José de la Chica” o “Pozuelo”. Otras han desaparecido, debido al paso del tiempo, las reformas efectuadas en esas fachadas y otras diversas circunstancias.

Una de esas hornacinas, construida en aquellos momentos, que ha resistido todas esas circunstancias y permanece en pie en nuestros días, indudablemente, la más importante, artísticamente hablando, es la situada en la calle “Hermanos Fernández”, que fue costeada por don Francisco Pretel de Gámez, en la fachada de la casa de su morada, cumpliendo así con las instrucciones de las autoridades eclesiásticas.

Conocemos algunos datos biográficos de don Francisco Pretel de Gámez, que nació en Mengíbar, en 1672. Fue el cuarto hijo del matrimonio formado por don Matías de Gámez, Familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Córdoba, y doña Catalina Díaz. Perteneció a una familia mengibareña, bastante acomodada y de linaje noble, como lo prueba el hecho de que el cargo de su padre era considerado en aquellos momentos con rango nobiliario. Su abuelo, don Juan de Gámez Pareja, ostentó el cargo de Regidor perpetuo, que suponía un alto puesto en el Concejo Municipal de su tiempo.
Además de otros menesteres, la principal ocupación de don Francisco Pretel de Gámez fue la de Clérigo de Menores Órdenes, que desempeñó hasta su muerte en la iglesia de San Pedro Apóstol de Mengíbar. Es de resaltar el hecho de que en su testamento, otorgado en Mengíbar, el 6 de diciembre de 1708, declara en una de las cláusulas su deseo de fundar a sus expensas una escuela pública en Mengíbar. Su proyecto fue una realidad, ya que la Escuela  empezó a funcionar el 3 de octubre de 1733, dejando para el sostenimiento de la misma y el pago del Maestro una dotación de bienes, que no podían ser vendidos por sus sucesores. Esta fue la primera escuela pública que tuvo Mengíbar en la historia, por lo que, con toda justicia, hoy, una calle de Mengíbar lleva su nombre.

Y don Francisco Pretil de Gámez, colaborando con las autoridades eclesiásticas de la Parroquia de San Pedro, construyó a sus expensas la referida hornacina en la fachada de su casa, de la calle, hoy nominada “Hermanos Fernández”, colocando en la misma la CRUZ DE CARAVACA, seguramente, por ser devoto de esta importante y sagrada reliquia. La Cruz se colocó en la hornacina en septiembre de 1708, y, a pesar del tiempo transcurrido, casi trescientos años, la hornacina permanece en pie, gracias a los desvelos de los distintos propietarios que ha tenido la casa desde entonces, siendo hoy, los herederos de don Jacinto Lillo Lillo, que recientemente han restaurado la Cruz y el conjunto monumental.

Descripción de la hornacina

El conjunto está construido en piedra, con sillares de buena calidad, y lo corona y cierra por lo bajo dos entablamentos, rematados por arriba con un arco de medio punto, apoyado en pilastras y capiteles resaltados, ambos con canaladuras, que forman la hornacina, rehundida en el muro. El conjunto va resaltado con fina labor de puntas de diamante y apoyado en basas. Las enjutas del arco adornan su perímetro triangular con ovos y figuras de líneas perpendiculares, a modo de cruces, y adornos en los ángulos. En la clave del arco resalta un cáliz con sagrada forma y rayos radiales.
La Cruz de Caravaca está construida en madera, con cristo de pequeña talla de metal, con corona, tres clavos, INRI y paño de pureza. La Cruz se apoya en un basamento de piedra con custodia eucarística, bajo la cual se lee: “SEA ALABADO EL SANTÍSIMO SACRAMENTO” “A DEVOCIÓN DE” (borrado el resto) y una fecha: Set (septiembre) 1708, probablemente, el año que se colocó la cruz, aunque en el entablamento de debajo de la hornacina aparece la fecha de 1713, quizá la de terminación de la hornacina.
Los brazos horizontales de la cruz miden 80 cm, la menor, y 96 cm, la mayor. El brazo vertical, 1.48 metros.
Las dimensiones del monumento son las siguientes: el conjunto es un rectángulo de 2.10 metros de anchura y 2.70 de altura. La hornacina mide 2.03 metros de altura máxima y 1.15 de anchura. La cornisa situada encima de la hornacina es un rectángulo de 1.70 metros de largo y 0.26 de ancho, y la inferior, 2.10 metros de largo y 0.17 de ancho. Bordeando la hornacina hay otra cornisa de 0.28 metros de anchura. La cruz se apoya en un basamento con forma de prisma rectangular, de 34 centímetros de largo, 23.5 de ancho y 33 de altura. La distancia desde la cornisa inferior de la hornacina al piso de la calle es de 2.36 metros..

Devoción de Mengíbar a la Cruz de Caravaca

Podemos decir, y somos testigos de ello, que en Mengíbar se le tiene mucha devoción a la Cruz de Caravaca, que se encuentra en esta bella y antigua hornacina, sabiendo que representa al “lignun crucis”, un fragmento de la verdadera cruz en que fue crucificado Jesucristo, que se conserva y venera en el Santuario de la localidad murciana de Caravaca de la Cruz.
Recuerdo ir de pequeño a la casa donde se encuentra la hornacina, con el encargo de mi madre de pedir el farol, para llenarlo de aceite, con el fin de que éste estuviese de día y de noche luciendo, como manifestación de algún favor recibido, de una rogativa o de una promesa. Y otros mengibareños hacían y siguen hacen lo mismo, pues es muy frecuente encontrar ramos de flores y velas alrededor de la hornacina.
Quiero resaltar el hecho de que, sobre todo, las mujeres embarazadas son muy devotas a la Cruz de Caravaca de esta hornacina, encomendándose a Ella para tener un buen parto. Y, si el mismo transcurre con normalidad, ofrecen velas o el aceite del farol para que durante unas semanas no falte la luz en la hornacina. Por todo ello, es muy frecuente ver de noche las velas o el farol luciendo delante de la hornacina, como prueba de una promesa cumplida, lo que nos demuestra que la devoción a esta Cruz de Caravaca no se ha apagado y se mantiene muy viva en Mengíbar.

2. LA COFRADÍA DE LA SANTA VERA CRUZ DE MENGÍBAR

Como dijimos antes, la Cofradía de la Santa Vera Cruz se funda en Mengíbar en 1550, cuando esta localidad era un lugar o anejo de la ciudad de Jaén, pues aún faltaban 24 años para que consiguiera de Felipe II la Libertad y el título de Villa.
En el orden de antigüedad de las Cofradías de la Santa Vera Cruz, hemos de resaltar que en el reino de Jaén, la Cofradía de Mengíbar es la tercera, después de la de Baeza, que fue fundada en 1540 y la de Jaén, que lo fue en 1541.
Afortunadamente, se conservan los Estatutos fundacionales de la Cofradía, que fueron redactados en 1550 y escritos en letra gótica o redonda española, a mano y sobre pergamino, cuero. Se ignora el nombre del calígrafo o iluminador del documento, que consta de 13 páginas, encuadernadas, con sobrecubiertas, también de cuero, de 33.5 por 22.5 cm, escritas en ambas caras, salvo la 4ª, que sólo lo está en la vuelta. En la última, también a la vuelta y fechada en 1552, está la aprobación de los Estatutos, escrita con letra procesal.
A pesar del mucho tiempo transcurrido, están bien conservados, aunque faltan las tapas originales, por lo que, recientemente, la Cofradía encargó otras de piel a unos artesanos jiennenses.
El orden de temas tratados en los dichos Estatutos es el siguiente:

a) Razones teológicas de la fundación de la Cofradía. Páginas 1 a 3.
b) Hermanos fundadores de la Cofradía. Páginas 4 (v) a 6.
c) Capítulos y Ordenanzas. Páginas 7 a 13.
d) Aprobación de los Estatutos. Página 13 (v).

a) Razones teológicas de la fundación de la Cofradía

Resumiendo las razones teológicas, que fundamentaron la fundación de esta Cofradía, nos dicen que Dios creó al hombre, al cual hace un trasunto de su imagen, y capaz de la Gracia y de la Gloria. Siguen con la narración de la Pasión de Jesús en la Cruz, y que murió en ella para dar vida a la muerte de nuestras ánimas y para que de la misma saliesen todos nuestros merecimientos. Después de hacer una alabanza a la Cruz y para que la Pasión se renueve en los corazones de los fieles, finalizan, diciendo que

“… los clérigos de la yglesia de señor sant Pedro, del lugar de mengíbar, juridición de la çibdad de jaén, con otros vezinos E moradores del dicho lugar, con mucha veneraçión e devoción que tenían a la passión de nuestro señor Iesu Christo queriendo que oviese memoria Della en la iglesia del dicho lugar el jueves sancto en la noche de cada año ordenan E hazen los capítulos e ordenanças de la cofradía nuevamente hecha E instituida por los dichos vecinos…”

b) Hermanos fundadores de de la Cofradía

Don Rodrigo Messía Carrillo, hijo de don Rodrigo Messía, señor de Santa Eufemia, La Guardia, El Viso, El Guijo y Torrefranca, y de doña María de Guzmán, contrajo matrimonio, en 1487 con doña María Ponce de León, hija legítima de don Rodrigo Ponce de León, 3º Conde Arcos y Duque de Cádiz, y de doña Beatriz Pacheco, hija del Marqués de Villena. El tercer hijo de esta matrimonio, don Pedro Ponce de León, casado con doña Isabel de Córdoba y Mendoza, heredó de sus padres el apellido Ponce de León, el título de Veinticuatro de la ciudad de Jaén y gran parte de las muchas heredades, adquiridas por su madre en Mengíbar, por lo que residió en esta localidad al frente de su patrimonio. Él y sus hijos, don Rodrigo, don Pedro y doña María Ponce de León, son los que aparecen al principio de la relación de los Hermanos fundadores de la Cofradía, escritos con letras mayores que los que le siguen.
Viene a continuación una amplia relación de personas vecinas de Mengíbar, hombres y mujeres, en número de 65, entre las que encontramos al bachiller Miguel de Rojas, cura de la iglesia de San Pedro, y don Francisco Bravo, beneficiado de la misma, así como el gobernador, el escribano y los mayordomos de la Cofradía, y una amplia relación de Hermanos y Hermanas, muchos de ellos empleados y trabajadores de los Ponce de León.

c) Estatutos, Capítulos y Ordenanzas de la Cofradía

Las Ordenanzas y Capítulos, que redactaron y aprobaron los Hermanos, son doce, que resumimos, por no alargar este trabajo:

Capítulo I. Estipula la cantidad que debe pagar cada cofrade por su entrada en la Cofradía, que en aquellos momentos era de tres reales.

Capítulo II. Especifica las fiestas que debería celebrar la Cofradía: la Invención de la Cruz, el 3 de mayo; el Triunfo de la Cruz, el 16 de julio, y la Exaltación de la Cruz, el 14 de septiembre.

Capítulo III. Este bello capítulo ordena a los Hermanos que debían de disciplinarse, antes de la procesión de la noche del Jueves Santo. Nos atrevemos a afirmar que esa procesión fue la primera que se hizo en Mengíbar en la Semana Santa. A continuación, expone las normas para hacer la dicha procesión. Por la belleza de su contenido, transcribimos algunas líneas de este capítulo:

“…Ytem que sean obligados el jueves de la zena, en la noche entre las ocho y las nueve, a se disciplinar y será desta manera que los disciplinantes se junten todos en la iglesia de señor San pedro en una capilla o lugar, qual más conviniere y quando pareçiere al governador ques ora de salir tocará una campanilla y luego se pornan de Rodillas y Rezarán tres veces El credo encomendándose a la cruz del Señor y luego començarán a disciplinarse que hasta entonces no se tocarán y luego El governador y mayordomos con otras personas ançianas que en ello quieran entender. Ordenarán la proçesión En dos coros poniendo delante el santo crucifijo y la çera entrellos la qual podrán llevar cofrades y así conçertados con todo silençio visitarán las hermitas San Cristóbal, San Sebastián, San salvador cantando los clérigos el salmo miserere mei y al fin la oraçión del día y quando llegaren a la cruz se pongan de Rodillas para la adorar…”

Capítulo IV. Informa de las obligaciones de los sacerdotes que entraran en la Cofradía, entre las que se cuentan guardar los Estatutos y acompañar en la procesión del Jueves Santo.

Capítulo V. Da las normas para la elección del Gobernador y seis Mayordomos de la Cofradía, que sería en votación, el 3 de mayo de cada año.

Capítulo VI. Cómo celebrar los cabildos, siempre que fuese necesario hacerlo, reuniéndose para ello los Oficiales y Hermanos.

Capítulo VII. Sobre los enterramientos. Cuando falleciera un Hermano, los demás debían de llevarlo a la iglesia de San Pedro y enterrarlo.

Capítulo VIII. Prohibición de heredar el derecho a ser Hermano de la Cofradía.

Capítulo IX. Manera de utilizar los libros de la Cofradía. Salvo el escribano de la Cofradía, nadie más podía escribir en los distintos libros que la misma poseía.

Capítulo X. Normas para hacer procesiones en caso de hambre, landre, epidemias u otras calamidades, y siempre que la Iglesia ordenara que se hicieran rogativas.

Capítulo XI. En el caso de que uno de los Hermanos estuviese enfermo, será visitado por los demás. Y si fuese preciso velarlo, lo harán aquellos Hermanos que indicara el Gobernador.

Capítulo XII. Normas para los responsos. Si algún Hermano quisiera que el oficio de difuntos fuese con responso, pagaría una libra de cera a la Cofradía.

d) Aprobación de los Estatutos

Los anteriores Estatutos y Ordenanzas fueron aprobados, el 28 de octubre de 1552, por don Gabriel de Guevara, canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Jaén, Gobernador y Procurador del Obispado de Jaén, siendo obispo de Jaén don Pedro Pacheco, Cardenal de la Santa Iglesia de Roma, del Consejo de Sus Majestades.

Imágenes de la Cofradía

El hecho de que la Cofradía encargara la confección de un estandarte en 1596, nos indica que participaba desde su fundación en actos públicos, como la noche del Jueves Santo, en la que procesionaba la imagen de un crucifijo. Ignoramos si después tuvo otras imágenes. Será a partir de la reorganización de la Cofradía, en 1769, cuando la Cofradía adquiere dos imágenes: la Cruz desnuda y el Señor Amarrado a la Columna.
La citada Cruz, principal emblema de la Cofradía, costó 66 reales, es de brazos redondos, de madera, con sus nudos y peana de risco. Es procesionada en la tarde del Viernes Santo y el 3 de mayo, la fiesta principal de la Cofradía.
También encargó la Cofradía la confección de la imagen del Señor Amarrado a la Columna a un célebre imaginero jiennense, Joseph de Medina, concertándose su ejecución en 1200 reales. La Cruz desnuda, por encontrarse en 1936 en la casa del Hermano Mayor de la Cofradía, no fue destruida, pero sí lo fue la imagen del Señor, por lo que, acabada la Guerra Civil, la Cofradía encargó la confección de otra al escultor granadino, don José Navas Parejo, que consiguió hacer una buena imitación de la destruida.

3. LA FIESTA DE LA CRUZ DE MAYO EN MENGÍBAR

Por todo lo expuesto hasta ahora, podemos afirmar que la Santa Cruz ha sido venerada tradicionalmente en Mengíbar desde hace muchos siglos, muy probablemente, antes de 1550, cuando se funda la Cofradía de la Santa Vera Cruz.
Una de las formas de demostrarlo es la festividad del 3 de Mayo, cuando Mengíbar se viste de luz y colorido,  engalanando con tal motivo las distintas cruces de las hornacinas Antiguamente, los vecinos de las calles donde existían hornacinas, colaboraban en el adorno de la cruz, limitándose a poner las macetas más bellas y lucidas de que disponían, delante de la hornacina, así como mantones de Manila y objetos de cobre en la pared. No podían faltar unos arcos de madera, forrados con ramas de álamo blanco, recogidas en las orillas de los ríos, que se colocaban frente a la cruz, así como el clásico y oloroso mastranzo y otras plantas olorosas que se esparcían  en el suelo, que perfumaban muy agradablemente el ambiente.
El bullicio reinaba en la calle que adornaba la cruz, principalmente por la noche. Los jóvenes de la calle organizaban en los alrededores de la hornacina bailes, contando para ello con grupos de músicos, en los que no faltaban el violín, la guitarra, la bandurria y el laúd. También se incorporaban al baile parejas de casados, muchas veces para no perder de vista a sus hijas. Cuando no había posibilidad de baile, aquellos jóvenes se divertían con algunos juegos, entonces muy en boga, como “la rueda” o “las “prendas”, y no era raro en estos acontecimientos el comienzo de noviazgos e idilios amorosos, que muchos de ellos culminaban en matrimonio. Se conservan muchas y encantadoras letrillas que se cantaban en aquellas “ruedas”, en las que participaban jóvenes de ambos sexos, cogidos de las manos y formando grandes círculos, girando mientras cantaban. En una fase de las mismas se detenían, mirándose unos a otros, momento en que los varones invitaban a sus mozas preferidas a recorrer por dentro y diametralmente el círculo, cogidos de la mano, mientras el resto acompañaba a los cánticos haciendo palmas con las manos.
La gente mayor, reunidos en una casa cercana a la hornacina, velaban durante toda la noche a la cruz, rezando el Rosario varias veces y tomando los clásicos dulces, confeccionados por las vecinas de la calle para ese ocasión, según las recetas heredadas de madres y abuelas, como los pestiños, las hojuelas, los roscos de anís, etc., siempre acompañados de la taza de humeante chocolate y la copita de resol o anís. Todo ello, en un ambiente sano, festivo y solidario. Si al día siguiente había que trabajar, los hombres se retiraban pronto, quedando en la vela las mujeres y jóvenes. En las tardes de los nueve días siguientes, las vecinas volvían a reunirse delante de la hornacina para hacer la Novena a la Santa Cruz, rezada siempre por la vecina más versada en rezos y oraciones, que pasaban de generación en generación por vía oral y que no necesitaban leer, por saberlas de memoria.

En nuestros días, sigue habiendo calles y barrios de Mengíbar, que siguen adornando las cruces en esta Fiesta de Mayo, aunque se engalanan más que lo hacían en tiempos pasados. Todo, porque, desde hace medio siglo, el Ayuntamiento de Mengíbar viene convocando en esas fechas Concursos de Embellecimiento de Cruces, con premios sustanciosos, por lo que aquellos sencillos pero bellos adornos se han convertido en verdaderas obras de arte, en las que los vecinos del barrio trabajan durante bastantes días en conseguir el mejor adorno de la Cruz. Hoy se necesitan más esfuerzos, más manos que colaboren, más gastos en dinero, para iluminación y compra de útiles necesarios. Por ello, desde meses antes, los vecinos se reúnen, planifican el boceto y preparan todo lo necesario. Hacia mediados de abril, se forman grupos de trabajo para repartirse las tareas y se empiezan a preparar las guirnaldas, las cadenetas, los juegos de luces, etc. El 2 de mayo, los jóvenes van a las orillas del río para cortar ramas de álamos blancos y recoger los mastranzos en los sotos.
Elegido el lugar del emplazamiento de la cruz, se pone en práctica aquel boceto elegido, y todos aportan lo almacenado en los días anteriores, que servirán para el adorno definitivo. Se  hacen los arcos con el álamo blanco a lo largo de la calle, las cadenetas y guirnaldas se cuelgan de un lado a otro de la calle, se colocan macetas en las aceras, se colocan objetos de cobre y otros adornos en las fachadas y, finalmente, se monta la cruz. Hacia el atardecer, todo tiene que estar terminado, ya que a esas horas, pasarán los miembros del Jurado, que adjudicarán los premios sobre las doce de la noche. Es día de fiesta en Mengíbar y muchos mengibareños recorrerán las distintas cruces engalanadas, además de los forasteros de los pueblos vecinos, que, con tal motivo, se desplazan a Mengíbar para verlas.

También la Cofradía de la Santa Vera Cruz colabora en el realce y esplendor de esta típica Fiesta. En la mañana del 3 de Mayo, celebra la Eucaristía en la iglesia de San Pedro Apóstol y, a continuación, tiene lugar la procesión con la Cruz de la Cofradía, acompañada de Hermanos y gran número de fieles. Seguidamente, se celebra la Asamblea de la Cofradía, en la que se rinden cuentas y se toman los acuerdos oportunos. Acabada la misma, tiene lugar una comida de hermandad, en la que los Hermanos y sus familiares conviven en un ambiente sano y festivo. A los postres, cuando los ánimos rebosan de alegría, se inician los cantos de las “aleluias”, por los Hermanos, respetando la prioridad de los mayores. Esta costumbre se remonta a siglos pasados. Consiste en cantar los Improperios de la Adoración de la Cruz, de los Oficios del Viernes Santo. Un Hermano, puesto en pie y con una copa de vino en la mano, canta en tono bajo:

Ecce lignun Crucis
in quo salus mundi pependit
Venite adoremos

Otro Hermano le contesta, cantando la misma estrofa en el mismo tono. El anterior vuelve a repetirla, subiendo el tono y contestando el segundo. Vuelve a repetir el primero, subiendo de nuevo el tono, y tratando el segundo de repetirlo. Y así, van subiendo el tono, y, cuando las gargantas están a punto de estallar, el primero entona la despedida antigua de la misa del tiempo Pascual:

Ite missa est allelúia

A la que el segundo contesta:

Deo grátias allelúia allelúia

Los Hermanos, que han permanecido en silencio durante el intercambio de los cánticos, aplauden al final, premiando las buenas voces y entonación, o bien la buena voluntad de los dos contendientes. Vuelven a surgir otros dos cantores, que repiten lo anterior.

En la casa del Hermano Mayor de la Cofradía también se engalana la Cruz, que por la mañana fue procesionada, al estilo tradicional de Mengíbar, con macetas, mantones de manila, objetos de cobre, los clásicos arcos con álamo blanco en la puerta,  el mastranzo, etc., aunque sin participar en el concurso de embellecimiento, que convoca el Ayuntamiento. También es muy visitada por los vecinos, ya que saben de la belleza con la que todos los años se expone y engalana esta Cruz, tan venerada y querida en Mengíbar. Es frecuente que los visitantes sean invitados a tomar dulces típicos, como las hojuelas y los pestiños, así como la clásica copita de resol. Por la noche se vela la Cruz por Hermanos, Hermanas y muchas devotas, y en los nueve días siguientes, por las tardes, se hace la Novena a la Santa Cruz, en el mismo local donde fue engalanada.

FINAL

Hemos considerado conveniente publicar el estudio de esta bella hornacina y su Cruz de Caravaca, que, como hemos visto, está cargada de historia, así como de un gran amor y devoción de los mengibareños, a lo largo de sus tres siglos de existencia. Con ello, queremos unirnos a los actos que Caravaca de la Cruz han organizado con motivo de celebrarse este año el “775 aniversario de la Aparición de la Santísima Vera Cruz”. Quiero, desde aquí, felicitar y saludar a todos los Cronistas Oficiales murcianos, así como a los que, desde otras tierras españolas, intervengan en este magno Congreso.

También ha sido nuestro propósito completar esta comunicación con un resumen de la historia de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, y lo que supone la fiesta del 3 de Mayo en Mengíbar, ya que todas están muy relacionadas y pertenecen al patrimonio religioso, artístico y cultural de esta localidad.

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