Hace poco tiempo tuve la oportunidadd de ir por segunda vez a Valdepeñas (Ciudad Real).

Es la capital de la DOC Valdepeñas, la que tiene mayor producción de vino, y que según las «malas lenguas», envía de forma secreta muchas toneladas de uvas a otras regiones, para aumentar la producción de esas otras regiones productoras.

Llegamos ya de noche y ese día «solo» fue para reunir a los amigos y planificar las actividades del día siguiente.
Los más “madrugadores” tenían la misión de ir a por los churros y el chocolate caliente. Yo era uno de los componentes de esa expedición que se dirigía a la Churrería  Vera Cruz. Por indicación de gente de allí, volvimos a hacerles una «visita». Compramos 18 roscas (versión personalizada entre los churros y las porras) y 9 chocolates calientes. Estaban una delícia, riquísimos, y yo que no soy muy chocolatero, comí y bebí bastante, pero debo confesar que para 10 personas era demasiado….
Comentaros que conocimos a un señor de 86 años de edad, con una presencia y un sentido del humor, que me hicieron pensar que cuando yo llegara a esa edad, sin duda, me gustaría ser así.

El ritmo era lento, hacia frío, pero tampoco queríamos dejar de hacer algunas visitas. Fuimos al “Museo del Vino de Valdepeñas”.  Es una visita muy recomendada una vez que se puede aprender mucho sobre todo del proceso de elaboración del vino. Está en un edifício moderno pero que  tiene ese “sabor” nostálgico de los lugares llenos de tradiciones e historia.

Pudimos aprender sobre los tipos de uvas que se utilizan en esa zona, los tipos de vino que se pueden conseguir, formas y variedades de cultivos, la producción y sus principales mercados.
Pero lo que más me llamó la atención fue la gran cantidad de utensilios y herramientas que se utilizaron a lo largo de los siglos para producir este “licor” que desprende riqueza y diversidad, y que tomado con moderación es un excelente compañero en una buena comida.

Tenía una sensación especial provocada por las imágenes que fueron pasando en mi cabeza, directamente del baúl de mis recuerdos. Durante varios años hicimos vino en la finca de mis abuelos. Era nuestro, desde que empezábamos a cuidar de las vides, limpiar las parras para que llegara el sol a los racimos de uva, esperar a que estuvieran maduras para poder recogerlas y empezar la vendimia. Era un proceso lento que duraba semanas. El zumo empezaba a salir de las uvas una vez prensadas, y en poco tiempo empezaba a fermentar. Lo dejábamos en las barriles y unos meses después, vino, nuestro vino.

Prensa vino Pozo Prensa y recoletor

Realmemte lo que menos nos importaba era saber si era un gran vino. Era nuestro, totalmente natural y NUESTRO.
Lo que queda, una vez prensadas las uvas, lo llevábamos en algunas ocasiones  a un Alambique para obtener ese «líquido transparente» con la capacidad de calentar los cuerpos en uno de esos días frios de invierno. Y nos hacía bastante falta, en aquella madrugada en la que el termómetro insistía en  bajar. Estábamos a -2º y ese aguardiente que empezaba a salir era muy bien recibido por mi padre, mi abuelo y también por mi, aunque en dosis más pequeñas…

Después de salir del Museo, pensábamos visitar una bodega, pero ya era tarde. Solo pudimos ver su tienda y comprar algunas botellas para acompañar la comida.

Dimos un pequeño paseo por el centro y nos quedamos con algunas  imágenes en la memoria.

Estatua Valdepeñas Flor plaza Valdepeñas Fuente Plaza Valdepeñas

Del almuerzo mejor no hablar. Todo estaba muy bueno y fue necesario hacer un gran esfuerzo para no ganar 5 kilos en un par de horas… El cordero
La tarde la pasamos entre una buena siesta y los juegos de mesa. No teníamos fuerzas ni ganas de salir. Las risas fueron el plato fuerte de la tarde y nadie quería perdérselas.

Con la llegada de la noche vimos aumentar el grupo con un nuevo compañero de viaje, justo a tiempo para la cena. Teníamos mesa en el Restaurante La Taberna del Escudero Sancho Panza. Fue una decisión acertada, la comida estaba muy buena (el paté, los embutidos, el bacalao, las chuletillas de cordero)… como pueden comprobar en las fotos.

Tuvimos momentos que seguramente no olvidaremos facilmente (la declaración, fue sin duda, uno de ellos…).

Después de la cena hicimos una visita a un Pub, que estaba cerca, para tomar algo fresco. La mayoría ya no teníamos muchas fuerzas y nos retiramos pronto. Otros decidieron «estirar» el día un poco más…

Como no podría dejar de ser de otra manera, por la mañana, fuimos de nuevo a buscar las famosas «Roscas»

El frio que hacía en la calle fue una escusa perfecta para quedarnos en casa y hacer tiempo para otra gran comilona, acompañada por vinos de la zona (una grata sorpresa… el Landró, un vino blanco, con muy poca graduación y que es un buen acompañamiento si no quieres o puedes «beber mucho».

Y llegó la  hora de regresar. Nunca es facil dejar una tierra donde te sientes como en casa.

Solo me queda agradecer a nuestros anfitriones, Paco y Amparo, que nos recibieron en su casa y nos trataron como si fuéramos de la familia.

¡Gracias, Muchas Gracias!

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6 comentarios en «Valdepeñas, un viaje y muchos recuerdos»

  1. Que bonito Mario!!!
    me has hecho revivir de nuevo el fin de semana, a pesar de que lo tengo y lo tendré siempre fresco en la memoria, por todo lo que allí vivimos.
    Con gente como vosotros es difícil no pasar un agradable e inolvidable momento, el entorno es sólo un pequeño detalle, por eso gracias por estar siempr ahí.

    Un beso enorme
    Dolores

      1. Dolores, estoy con Mario. Muchas gracias por brindarnos ese fin de semana tan especial, cargado de buenos momentos, y muchassssssssss risas… (bueno…. y algo de frío… jajaja!!)
        Y muchísímas gracias también a tus padres, por lo bien que nos recibieron y atendieron…. El tema de la comida merece un capítulo aparte!!!!
        Muchos besos. Juani

  2. ¡Que bonito post y que grandes recuerdos! No hace mucho estuve visitando la ciudad, ya que es el origen de mi familia paterna. Me ha encantado este artículo. ¡Gracias Mario!

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